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13/03/2018
Beneficios de los cultivos de cobertura
En los últimos años se ha observado una evolución del sistema de producción basado en siembra directa, de la mano de los conocimientos, donde la rotación de cultivos sigue siendo una herramienta clave e ineludible. Se debe aprender de las experiencias del pasado y el presente, entendiendo que productores y profesionales del agro trabajan con sistemas biológicos, cuyos tiempos y procesos deben esforzarse por comprender y respetar. Hoy existe el gran desafío de producir alimentos para una población creciente, y el de hacerlo de manera sustentable.

Resulta evidente la importancia de diseñar y ejecutar un modelo agrícola que contemple ambos aspectos. Conceptualmente, se evolucionó hacia una nueva formar de hacer agricultura; aquella basada en la interpretación de la real y amplia oferta ambiental que cada región, o paisaje posee; y la adecuación de una estrategia productiva que maximice el uso eficiente de esos recursos disponibles; incorporando aquellos insumos externos limitantes, de manera de maximizar la producción sustentable. En términos energéticos esta nueva agricultura tiende a maximizar la eficiencia de transformación de la energía disponible ? ofrecida por los recursos naturales y los insumos externos- y su ?almacenamiento? en forma de alimentos, y más recientemente en bioenergía.

La agricultura de hoy está basada en la incorporación de los conocimientos que la ciencia genera; principalmente en lo que a ecología, ecofisiología, genética, nutrición y protección de adversidades bióticas y abióticas respecta. Es la nueva agricultura biológica, donde las rotaciones son una herramienta clave.

El realizar rotación de cultivos, implica una planificación de la secuencia a implantar en cada ambiente en particular. Por lo tanto, deberán considerarse no solo objetivos inmediatos, sino además otros de largo plazo; de manera que la secuencia de cultivos produzca efectos favorables en el sistema, proporcionando mayor estabilidad de producción, aumento de la capacidad productiva del suelo y el consecuente aumento de la rentabilidad en el sistema agrícola como un todo.

Así diseñada y ejecutada la rotación de cultivos presenta ventajas desde el punto de vista agronómico y empresarial. Específicamente, permite una diversificación de los riesgos productivos, ya que las condiciones ambientales pueden ser desfavorables para un cultivo, pero es poco probable que lo sea para los demás cultivos integrantes en la rotación, que están sembrados en otros lotes. Se logra así disminuir el riesgo medio de la actividad, máxime si ello se combina con estrategias de coberturas de precio y climáticas.

El monitoreo y control continuo de las áreas con rotación de cultivos es fundamental para el propio éxito del sistema. Así las especies a ser incluidas en la rotación deberán ser criteriosamente seleccionadas, de acuerdo con las condiciones ambientales y de suelos. Resulta lógico entonces, pensar en secuencias ajustadas a la oferta ambiental, apuntando a maximizar la producción y mantener la productividad del suelo. Sin embargo, ello no debe condicionar al productor, como si fuese una receta inamovible. Por el contrario, más que establecer una secuencia determinada y mantenerla indefinidamente en el tiempo, es preciso monitorear las condiciones de suelo, a lo largo de los años, para asegurar el éxito de un sistema de rotación de cultivos. Del mismo modo, es importante ir evaluando y ajustando nuevas secuencias, incluir nuevos cultivos o diferentes ventanas de cultivos, en función a los avances en el conocimiento y en las nuevas oportunidades de negocios.

Otro aspecto importante al plantear la rotación es ajustar su intensidad a la realidad climática y productiva de cada zona, principalmente a la disponibilidad de agua. La intensidad hace referencia a la cantidad de cultivos en un período de tiempo. La rotación será más intensa cuantos más cultivos se realicen en un número determinado de años. Hay que encontrar la intensidad adecuada, ya que si la misma es baja se estarán desaprovechando oportunidades de obtener mayor rentabilidad y no se utilizaría toda el agua almacenada. Por el contrario, si la intensidad es excesiva los riesgos productivos serán altos, ya que para las condiciones promedio de la zona el agua no será suficiente para obtener altas producciones en todos los cultivos. En síntesis, la intensidad de rotación es la herramienta para ajustar la secuencia de cultivos a la oferta ambiental.

Cultivos de cobertura

Dentro del tema rotación de cultivos, resulta clave mencionar a los cultivos de cobertura y a los intercultivos como tecnologías que han retomado una dimensión importante en muchos planteos tecnológicamente de avanzada.

En el caso específico de los cultivos de cobertura, se trata de cultivos que se siembran en una ventana de tiempo y espacio, normalmente no ocupado por otro cultivo de cosecha de granos. El cultivo de cobertura no se realiza con el objetivo de obtener granos; por el contrario, su inclusión apunta a mejorar condiciones edáficas y fijación de nitrógeno, esperando que ello redunde en mejores rendimientos para los cultivos siguientes en la rotación.

El desafío que se plantea con el uso de cultivos de cobertura es aumentar la eficiencia de uso del agua ? esto es lograr mayor producción de biomasa por milímetro de agua ? en un contexto de sustentabilidad ambiental de la producción.

Los nuevos planteos rotacionales apuntan a consumir la mayor cantidad de agua acumulada en el suelo, lo cual derrumba viejos conceptos. Por mucho tiempo se sostuvo que para almacenar agua era importante tener largos períodos de barbechos limpios (sin malezas). Bajo este razonamiento durante este período sin cultivos, el suelo se iba recargando con las lluvias, llegando con el perfil bien provisto de agua al momento de la siembra del siguiente cultivo. Sin embargo, lo que no se tenía en cuenta era la eficiencia de ese barbecho; o, dicho de otra manera, cuánta agua se perdía por evaporación directa durante el barbecho. Según experiencias realizadas por Rodolfo Gil (INTA Castelar), la eficiencia en la región norte en lotes con siembra directa, pero con poca cobertura, no supera el 20%. Esto significa que se pierden 8 de cada 10 milímetros caídos. En consecuencia, la estrategia planteada fue transformar esos milímetros improductivos en biomasa, incluyendo cultivos de cobertura en ventanas de tiempo normalmente desocupadas. Como ventaja adicional, al secar químicamente el cultivo de cobertura se mejora la captación e ingreso al suelo del agua de lluvia; y, por otro lado, al haber alta cobertura se reduce la evaporación. Los resultados muestran que con cultivos de cobertura hay más agua para el cultivo siguiente, con iguales o mejores rindes, y principalmente con aumento significativo de carbono en el suelo.

Además, en el plano científico las investigaciones apuntan a mejorar la eficiencia de fijación de bacterias que asociadas a las leguminosas fijen nitrógeno del aire y lo incorporen en la biomasa vegetal. De esa manera, el nitrógeno del aire pasa a ser parte del pool de nitrógeno orgánico del suelo, al descomponerse los rastrojos.

Vicia como cultivo de cobertura

En el terreno de la aplicación agronómica, productores tecnológicamente innovadores, están incorporando en sus esquemas rotacionales a cultivos de cobertura de leguminosas, con el objetivo no solo de crear biomasa, favoreciendo el aporte de carbono y la cobertura del suelo, sino, principalmente, para fijar nitrógeno atmosférico e incorporarlo al suelo vía descomposición de residuos aéreos y subterráneos. Conceptualmente, ello se sustenta en la necesidad imperiosa de buscar fuentes de nitrógeno diferentes a las actuales dependientes del petróleo. Si bien los fertilizantes nitrogenados obtenidos por síntesis petroquímica seguirán siendo clave en la agricultura, es bueno buscar alternativas que al menos permitan ir reemplazándolo gradualmente. En este sentido, los cultivos de cobertura de leguminosas son una opción promisoria.

El cultivo de vicia es una alternativa que apunta a consolidarse como antecesor de gramíneas estivales (principalmente maíz), reduciendo la demanda de nitrógeno vía fertilizantes sin que se resienta el rendimiento. En los últimos años hubo un avance significativo de la tecnología de manejo para maíz tardío (siembras de diciembre) lo que ha facilitado la inclusión de vicia en la rotación. Esta tecnología permite disminuir los costos productivos sin resentir los ingresos, y, por otro lado, bajar los niveles de fertilización disminuyendo los riesgos ambientales.

Resultados a campo

Experiencias realizadas por Okandú y Grupo Romagnolli en el Sudeste de Córdoba muestran una producción de materia seca de vicia entre 4 y 6 toneladas/ha, con una concentración de nitrógeno entre 3 y 6%. Esto representa aportes de nitrógeno al sistema de más de 100 kg/ha. En una de las campañas en las que se realizaron estas experiencias, al momento del secado de la vicia, los sectores con barbecho limpio (sin vicia) tuvieron 60 mm más de agua útil acumulados hasta los 2 m de profundidad, comparada con la franja con vicia. Esto significa que el ?costo hídrico? de la vicia (agua útil al final del barbecho ? agua útil al secado de la vicia) fue de 60 mm. Estos datos son coincidentes con investigaciones realizadas por Tomás Baigorria en INTA Marcos Juárez, que encontró costos hídricos de la vicia de entre 40 y 70 mm.

En los trabajos del Sudeste de Córdoba, el cultivo de vicia fue secado químicamente, se sembró maíz y se lo fertilizó con diferentes dosis de nitrógeno que variaron de 0 a 180 kg/ha. La disponibilidad de nitrógeno en el suelo a la siembra del maíz o en floración generalmente no muestra diferencias entre barbecho limpio y vicia, porque la mayor parte del nitrógeno se encuentra acumulado en la biomasa de la vicia y se va liberando gradualmente a medida que el rastrojo descompone.

El rendimiento de maíz aumentó con la dosis de nitrógeno en ambos antecesores (Figura 1). El rendimiento con antecesor vicia fue superior al de barbecho limpio en todas las dosis de N. La diferencia promedio de rendimiento de todas las dosis entre antecesores fue de casi 1.400 kg/ha. Esto muestra beneficios significativos.

Las precipitaciones estuvieron por debajo de la media de la región y afectaron la productividad de la vicia y el maíz. Sin embargo, durante el período crítico del maíz, hubo una oferta hídrica apropiada, que compensó la menor disponibilidad de agua inicial.

Las experiencias realizadas en el Sudeste de Córdoba en las últimas campañas mostraron respuesta lineal a dosis crecientes de nitrógeno, con y sin vicia. En años lluviosos (niño), hay un efecto positivo de inclusión de vicia en rendimiento de maíz, pero en años secos (niña), el impacto de la vicia puede ser positivo o negativo en función a la disponibilidad de agua durante el período crítico de maíz.

Más beneficios

En las últimas campañas se acentuaron los problemas de malezas tolerantes y resistentes a herbicidas en aquellos lotes con menor participación de cultivos de invierno. Una manera de mitigar la disminución del aporte de residuos, ya sea en forma de rastrojo o proveniente de raíces, sería lograr una adecuada cobertura del suelo utilizando especies gramíneas y leguminosas de crecimiento invernal, como cultivo de cobertura, durante el prolongado tiempo que media entre las siembras de los cultivos de verano.

Trabajos de investigación realizados por el equipo del INTA Marcos Juárez, liderado por Tomás Baigorria, muestran que la inclusión de vicia como cultivo de cobertura, previo a la siembra de maíz y sin aplicación de herbicidas, redujo la densidad de una maleza muy problemática como Amaranthus en un 96%.

Comentarios finales

El uso de cultivos de cobertura en reemplazo del barbecho puede provocar cambios químicos, físicos y biológicos muy importantes en el suelo. Adicionalmente, estos cambios pueden tener gran relevancia desde el punto de vista económico y ambiental, debido al aporte de nitrógeno, el control de malezas, la mayor eficiencia del uso del agua, la reducción de la erosión, etc. Todos ellos son factores que mejoran la calidad del suelo, pero también reducen el uso de insumos.

Por: Agustin Bianchini, Okandú
Fuente: http://horizonteadigital.com

13/03/2018 Beneficios de los cultivos de cobertura En los últimos años se ha observado una evolución del sistema de producción basado en siembra directa, de la mano de los conocimientos, donde la rotación de cultivos sigue siendo una herramienta clave e ineludible. Se debe aprender de las experiencias del pasado y el presente, entendiendo que productores y profesionales del agro trabajan con sistemas biológicos, cuyos tiempos y procesos deben esforzarse por comprender y respetar. Hoy existe el gran desafío de producir alimentos para una población creciente, y el de hacerlo de manera sustentable.

Resulta evidente la importancia de diseñar y ejecutar un modelo agrícola que contemple ambos aspectos. Conceptualmente, se evolucionó hacia una nueva formar de hacer agricultura; aquella basada en la interpretación de la real y amplia oferta ambiental que cada región, o paisaje posee; y la adecuación de una estrategia productiva que maximice el uso eficiente de esos recursos disponibles; incorporando aquellos insumos externos limitantes, de manera de maximizar la producción sustentable. En términos energéticos esta nueva agricultura tiende a maximizar la eficiencia de transformación de la energía disponible ? ofrecida por los recursos naturales y los insumos externos- y su ?almacenamiento? en forma de alimentos, y más recientemente en bioenergía.

La agricultura de hoy está basada en la incorporación de los conocimientos que la ciencia genera; principalmente en lo que a ecología, ecofisiología, genética, nutrición y protección de adversidades bióticas y abióticas respecta. Es la nueva agricultura biológica, donde las rotaciones son una herramienta clave.

El realizar rotación de cultivos, implica una planificación de la secuencia a implantar en cada ambiente en particular. Por lo tanto, deberán considerarse no solo objetivos inmediatos, sino además otros de largo plazo; de manera que la secuencia de cultivos produzca efectos favorables en el sistema, proporcionando mayor estabilidad de producción, aumento de la capacidad productiva del suelo y el consecuente aumento de la rentabilidad en el sistema agrícola como un todo.

Así diseñada y ejecutada la rotación de cultivos presenta ventajas desde el punto de vista agronómico y empresarial. Específicamente, permite una diversificación de los riesgos productivos, ya que las condiciones ambientales pueden ser desfavorables para un cultivo, pero es poco probable que lo sea para los demás cultivos integrantes en la rotación, que están sembrados en otros lotes. Se logra así disminuir el riesgo medio de la actividad, máxime si ello se combina con estrategias de coberturas de precio y climáticas.

El monitoreo y control continuo de las áreas con rotación de cultivos es fundamental para el propio éxito del sistema. Así las especies a ser incluidas en la rotación deberán ser criteriosamente seleccionadas, de acuerdo con las condiciones ambientales y de suelos. Resulta lógico entonces, pensar en secuencias ajustadas a la oferta ambiental, apuntando a maximizar la producción y mantener la productividad del suelo. Sin embargo, ello no debe condicionar al productor, como si fuese una receta inamovible. Por el contrario, más que establecer una secuencia determinada y mantenerla indefinidamente en el tiempo, es preciso monitorear las condiciones de suelo, a lo largo de los años, para asegurar el éxito de un sistema de rotación de cultivos. Del mismo modo, es importante ir evaluando y ajustando nuevas secuencias, incluir nuevos cultivos o diferentes ventanas de cultivos, en función a los avances en el conocimiento y en las nuevas oportunidades de negocios.

Otro aspecto importante al plantear la rotación es ajustar su intensidad a la realidad climática y productiva de cada zona, principalmente a la disponibilidad de agua. La intensidad hace referencia a la cantidad de cultivos en un período de tiempo. La rotación será más intensa cuantos más cultivos se realicen en un número determinado de años. Hay que encontrar la intensidad adecuada, ya que si la misma es baja se estarán desaprovechando oportunidades de obtener mayor rentabilidad y no se utilizaría toda el agua almacenada. Por el contrario, si la intensidad es excesiva los riesgos productivos serán altos, ya que para las condiciones promedio de la zona el agua no será suficiente para obtener altas producciones en todos los cultivos. En síntesis, la intensidad de rotación es la herramienta para ajustar la secuencia de cultivos a la oferta ambiental.

Cultivos de cobertura

Dentro del tema rotación de cultivos, resulta clave mencionar a los cultivos de cobertura y a los intercultivos como tecnologías que han retomado una dimensión importante en muchos planteos tecnológicamente de avanzada.

En el caso específico de los cultivos de cobertura, se trata de cultivos que se siembran en una ventana de tiempo y espacio, normalmente no ocupado por otro cultivo de cosecha de granos. El cultivo de cobertura no se realiza con el objetivo de obtener granos; por el contrario, su inclusión apunta a mejorar condiciones edáficas y fijación de nitrógeno, esperando que ello redunde en mejores rendimientos para los cultivos siguientes en la rotación.

El desafío que se plantea con el uso de cultivos de cobertura es aumentar la eficiencia de uso del agua ? esto es lograr mayor producción de biomasa por milímetro de agua ? en un contexto de sustentabilidad ambiental de la producción.

Los nuevos planteos rotacionales apuntan a consumir la mayor cantidad de agua acumulada en el suelo, lo cual derrumba viejos conceptos. Por mucho tiempo se sostuvo que para almacenar agua era importante tener largos períodos de barbechos limpios (sin malezas). Bajo este razonamiento durante este período sin cultivos, el suelo se iba recargando con las lluvias, llegando con el perfil bien provisto de agua al momento de la siembra del siguiente cultivo. Sin embargo, lo que no se tenía en cuenta era la eficiencia de ese barbecho; o, dicho de otra manera, cuánta agua se perdía por evaporación directa durante el barbecho. Según experiencias realizadas por Rodolfo Gil (INTA Castelar), la eficiencia en la región norte en lotes con siembra directa, pero con poca cobertura, no supera el 20%. Esto significa que se pierden 8 de cada 10 milímetros caídos. En consecuencia, la estrategia planteada fue transformar esos milímetros improductivos en biomasa, incluyendo cultivos de cobertura en ventanas de tiempo normalmente desocupadas. Como ventaja adicional, al secar químicamente el cultivo de cobertura se mejora la captación e ingreso al suelo del agua de lluvia; y, por otro lado, al haber alta cobertura se reduce la evaporación. Los resultados muestran que con cultivos de cobertura hay más agua para el cultivo siguiente, con iguales o mejores rindes, y principalmente con aumento significativo de carbono en el suelo.

Además, en el plano científico las investigaciones apuntan a mejorar la eficiencia de fijación de bacterias que asociadas a las leguminosas fijen nitrógeno del aire y lo incorporen en la biomasa vegetal. De esa manera, el nitrógeno del aire pasa a ser parte del pool de nitrógeno orgánico del suelo, al descomponerse los rastrojos.

Vicia como cultivo de cobertura

En el terreno de la aplicación agronómica, productores tecnológicamente innovadores, están incorporando en sus esquemas rotacionales a cultivos de cobertura de leguminosas, con el objetivo no solo de crear biomasa, favoreciendo el aporte de carbono y la cobertura del suelo, sino, principalmente, para fijar nitrógeno atmosférico e incorporarlo al suelo vía descomposición de residuos aéreos y subterráneos. Conceptualmente, ello se sustenta en la necesidad imperiosa de buscar fuentes de nitrógeno diferentes a las actuales dependientes del petróleo. Si bien los fertilizantes nitrogenados obtenidos por síntesis petroquímica seguirán siendo clave en la agricultura, es bueno buscar alternativas que al menos permitan ir reemplazándolo gradualmente. En este sentido, los cultivos de cobertura de leguminosas son una opción promisoria.

El cultivo de vicia es una alternativa que apunta a consolidarse como antecesor de gramíneas estivales (principalmente maíz), reduciendo la demanda de nitrógeno vía fertilizantes sin que se resienta el rendimiento. En los últimos años hubo un avance significativo de la tecnología de manejo para maíz tardío (siembras de diciembre) lo que ha facilitado la inclusión de vicia en la rotación. Esta tecnología permite disminuir los costos productivos sin resentir los ingresos, y, por otro lado, bajar los niveles de fertilización disminuyendo los riesgos ambientales.

Resultados a campo

Experiencias realizadas por Okandú y Grupo Romagnolli en el Sudeste de Córdoba muestran una producción de materia seca de vicia entre 4 y 6 toneladas/ha, con una concentración de nitrógeno entre 3 y 6%. Esto representa aportes de nitrógeno al sistema de más de 100 kg/ha. En una de las campañas en las que se realizaron estas experiencias, al momento del secado de la vicia, los sectores con barbecho limpio (sin vicia) tuvieron 60 mm más de agua útil acumulados hasta los 2 m de profundidad, comparada con la franja con vicia. Esto significa que el ?costo hídrico? de la vicia (agua útil al final del barbecho ? agua útil al secado de la vicia) fue de 60 mm. Estos datos son coincidentes con investigaciones realizadas por Tomás Baigorria en INTA Marcos Juárez, que encontró costos hídricos de la vicia de entre 40 y 70 mm.

En los trabajos del Sudeste de Córdoba, el cultivo de vicia fue secado químicamente, se sembró maíz y se lo fertilizó con diferentes dosis de nitrógeno que variaron de 0 a 180 kg/ha. La disponibilidad de nitrógeno en el suelo a la siembra del maíz o en floración generalmente no muestra diferencias entre barbecho limpio y vicia, porque la mayor parte del nitrógeno se encuentra acumulado en la biomasa de la vicia y se va liberando gradualmente a medida que el rastrojo descompone.

El rendimiento de maíz aumentó con la dosis de nitrógeno en ambos antecesores (Figura 1). El rendimiento con antecesor vicia fue superior al de barbecho limpio en todas las dosis de N. La diferencia promedio de rendimiento de todas las dosis entre antecesores fue de casi 1.400 kg/ha. Esto muestra beneficios significativos.

Las precipitaciones estuvieron por debajo de la media de la región y afectaron la productividad de la vicia y el maíz. Sin embargo, durante el período crítico del maíz, hubo una oferta hídrica apropiada, que compensó la menor disponibilidad de agua inicial.

Las experiencias realizadas en el Sudeste de Córdoba en las últimas campañas mostraron respuesta lineal a dosis crecientes de nitrógeno, con y sin vicia. En años lluviosos (niño), hay un efecto positivo de inclusión de vicia en rendimiento de maíz, pero en años secos (niña), el impacto de la vicia puede ser positivo o negativo en función a la disponibilidad de agua durante el período crítico de maíz.

Más beneficios

En las últimas campañas se acentuaron los problemas de malezas tolerantes y resistentes a herbicidas en aquellos lotes con menor participación de cultivos de invierno. Una manera de mitigar la disminución del aporte de residuos, ya sea en forma de rastrojo o proveniente de raíces, sería lograr una adecuada cobertura del suelo utilizando especies gramíneas y leguminosas de crecimiento invernal, como cultivo de cobertura, durante el prolongado tiempo que media entre las siembras de los cultivos de verano.

Trabajos de investigación realizados por el equipo del INTA Marcos Juárez, liderado por Tomás Baigorria, muestran que la inclusión de vicia como cultivo de cobertura, previo a la siembra de maíz y sin aplicación de herbicidas, redujo la densidad de una maleza muy problemática como Amaranthus en un 96%.

Comentarios finales

El uso de cultivos de cobertura en reemplazo del barbecho puede provocar cambios químicos, físicos y biológicos muy importantes en el suelo. Adicionalmente, estos cambios pueden tener gran relevancia desde el punto de vista económico y ambiental, debido al aporte de nitrógeno, el control de malezas, la mayor eficiencia del uso del agua, la reducción de la erosión, etc. Todos ellos son factores que mejoran la calidad del suelo, pero también reducen el uso de insumos.

Por: Agustin Bianchini, Okandú
Fuente: http://horizonteadigital.com

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